Telaraña.
La distracción se teje, en algunos casos,
De los más profundos temores
De las pasiones que mantenemos enjauladas
De las ilusiones infantiles que el tiempo disipa
De la realidad que juega con nuestro aire
Como si de secuestrador y víctima se tratase.
Y es así como se enraíza en nuestra esencia
Ese síndrome de Estocolmo perpetuo,
Donde amamos nuestra tranquila normalidad
Y enterramos muy en el fondo
La única fibra que nos podría liberar
De este encierro
Inconscientemente
Autoinflingido.
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