Nos Recuerdo.


Pensando en las mil posibilidades
de caer rendida ante ti
surge el recuerdo
del tiempo que se detenía.

Imagino la perfección con la que cincelan
a las deidades talladas en piedra
y recorro cada uno de los segundos
con el mismo detalle, precisión e insistencia.

Transito por cada instante
cómo solo lo haría un cuerpo celeste,
pues tu aproximación
hace levitar toda mi materialidad.

Es, en ese momento,
donde mi existencia se difumina,
y siento, con el ritmo de los suspiros,
transformarnos en electricidad.

Queda, entonces,
la vibración suspendida en el espacio
para ser intercambiada con cada rozar.
Allí, cada latido se hace piel
y cada contacto
nos obliga a eclosionar.

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