Fantasma.
Ahí estás,
suspendido en el tiempo
en el jardín de mis párpados.
Cada abrir y cerrar
se convierte en instrumento proyector
de las imágenes que atesoró
mi mente de ti.
Estás ahí,
levitando en el centro de mis pupilas.
Veo tus manos rozar mi rostro,
el imaginario endeble de mi máscara.
Siento tus labios besar
la absurda alucinación de los míos
mientras la silueta de tus brazos me acerca
hasta fundirme en ti.
Cómo una ráfaga
mis ojos ven perplejos los tuyos
en un tiempo en el que no eras idea
sino materialidad.
Brillan dentro de ellos constelaciones
de gotas de amor
que se confunden con la luz
que refleja tu alma.
Te veo reposar a mi lado,
esa noche fugaz.
Y se esfuma el recuerdo
de tu tangibilidad.
Cierro mis ojos porque
ahora
lo único que me queda de ti
es ideal.
Cierro los ojos.
Porque aún cuando paso
días enteros rogando
no estés más,
el pulso se apacigua
se dilatan las pupilas
pesa el oxígeno
y el pecho se desmorona
ante la figura de un engaño
vestido de sensibilidad.
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